El proceso de autoevaluación institucional –el cual incluyó a todos los claustros de la comunidad universitaria– permitió identificar fortalezas en investigación, docencia y extensión. Con la mirada puesta en la mejora continua, la universidad reafirma su compromiso con la transparencia y la calidad educativa en toda la provincia.
Pensar y reflexionar sobre la universidad desde una dimensión colectiva fue el principal impulso durante el proceso de autoevaluación que llevó adelante la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), el cual permitió identificar el conjunto de fortalezas institucionales y definir los principales desafíos estratégicos de cara al futuro. Esta segunda autoevaluación –realizada entre 2024 y 2025– responde a la Ley de Educación Superior que establece en su artículo 44 que las universidades deben realizar procesos de evaluación institucional cada seis años. Esta instancia estuvo atravesada por una metodología participativa que incluyó consultas a todos los claustros: estudiantes, docentes, no docentes y graduados de cada unidad académica, como también personas externas a la universidad.
Cada una de las facultades contó con una persona referente durante lo que fue la instancia de evaluación. En el caso de la Facultad de Ciencias de la Salud (FCS), su referente Valeria Belmonte destacó que el proceso “representó una instancia clave de reflexión colectiva sobre el funcionamiento y el desafío de nuestra universidad; una revisión necesaria al interior de la institución que se desarrolló mediante talleres y consultas a los distintos claustros, en especial a graduados que se encuentran repartidos por todo el país, incluso en otros países”. Por su parte, la referente en la Facultad de Ingeniería (FI), Alejandra Morales, remarcó que la autoevaluación “significó un espacio de reflexión y análisis sobre aspectos fundamentales como la docencia, investigación, extensión y bienestar estudiantil, con el fin de generar estrategias de mejora continua”.

Compromiso institucional como principal fortaleza
Todo el trabajo de autoevaluación fue sistematizado en un informe en el cual se resaltó la capacidad institucional de UNER para consolidar instancias de planificación, evaluación y articulación con el territorio, a la par de importantes avances en las funciones de docencia, investigación, extensión y gestión. En ese sentido, Morales resaltó aspectos vinculados a políticas de transparencia y la producción de información para la toma de decisiones como “la adecuación normativa y transparencia en la capacidad de actualizar el Estatuto y las normas para mejorar la gobernabilidad y el acceso público a la información”. También destacó el creciente desarrollo dentro del área de ciencia, tecnología e innovación con la formación de recursos humanos para la investigación, la formación de posgrado y la promoción de proyectos interdisciplinarios e interfacultades, además de la consolidación de los centros de doble dependencia de UNER con el CONICET.
En lo referido a la dimensión académica, el informe de evaluación destaca el crecimiento sostenido de la Universidad en la matrícula, ampliación y actualización de la oferta formativa y el desarrollo de instancias de flexibilización curricular con nuevos planes de estudio. Sobre esto, Belmonte señaló: “Se orientan a fortalecer la permanencia y el egreso de los estudiantes, brindando herramientas de apoyo académico, social y emocional en iniciativas como el Curso de Ambientación a la Vida Universitaria (CAVU), las tutorías de pares y el Programa de Acompañamiento hacia la Universidad (PAU), facilitando la adaptación a la vida universitaria y la integración y acompañamiento de las trayectorias educativas durante los primeros años de la carrera”. Morales, por su parte, se refirió al rediseño de planes de estudio, a través del Programa de Innovación Curricular (PIC), “para que sean más centrados en el estudiante, incorporando títulos intermedios y duraciones reales expresadas en créditos. Esto facilita la inserción laboral temprana y la finalización de las carreras”.
Además, el fortalecimiento del vínculo con actores sociales, productivos y estatales y la incorporación progresiva de las prácticas extensionistas en los trayectos curriculares, son algunos de los principales puntos que se subrayan en la dimensión referida a la extensión universitaria.
Responder a demandas regionales
En el informe de autoevaluación se resalta el fuerte anclaje territorial de la UNER, lo que hace posible responder a demandas regionales a partir de su despliegue geográfico en distintos puntos de la provincia, en articulación con gobiernos locales y demás instituciones. Belmonte dijo al respecto: “Creemos que permite a la universidad mantener una fuerte vinculación con la realidad y necesidad de la región, lo que favorece al desarrollo de propuestas académicas, investigación y extensión pertinentes y más fuertes”. A su vez, Morales expresó que la dispersión geográfica de las nueve facultades se capitaliza como una oportunidad para atender la diversidad regional. “Este despliegue permite diseñar respuestas específicas a las demandas locales, fortalecer la legitimidad social de la universidad en toda la provincia y anclar proyectos de investigación y extensión en problemáticas territoriales reales”, agregó.
Dicha dispersión en distintas ciudades de la provincia (Paraná, Concepción del Uruguay, Oro Verde, Concordia, Gualeguaychú y Villaguay) también presenta el desafío de fortalecer la integración para así subsanar los desequilibrios y la fragmentación que existen entre las distintas Unidades Académicas y el Rectorado. Un desafío que supone consolidar una identidad común y una gobernabilidad sustentable, afianzar los mecanismos de comunicación interna y diálogo entre facultades y la implementación de soluciones tecnológicas unificadas para la gestión administrativa y académica que aporten eficiencia y coherencia institucional.
Promover la transparencia y la participación democrática
El proceso de evaluación institucional representa una instancia fundamental para promover la transparencia y la participación de la comunidad universitaria. “Es importante que la universidad pública se someta a procesos de evaluación porque nos permiten analizar de manera sistemática las fortalezas y los aspectos a mejorar en el funcionamiento de nuestra institución”, manifestó la referente de la Facultad de Ciencias de la Salud. En tal sentido, destacó que dicha experiencia generó como aprendizaje “la importancia de generar espacios participativos, de reflexión y de incorporar herramientas digitales que faciliten esta participación en los distintos claustros y ámbitos donde se mueve la gente de la universidad”.
Por su parte, la referente de la Facultad de Ingeniería valorizó este proceso como un aspecto clave “para defender la universidad pública frente a cuestionamientos externos, demostrando su valor social y calidad a través de mecanismos de mejora e identificando nudos problemáticos, como la deserción, para transformarlos en objetivos de planeamiento estratégico”. Una labor que, además, fue posible a partir de un trabajo participativo: “Se aprendió que la planificación no pertenece a un grupo directivo o de gestión, sino que requiere el involucramiento de todos los claustros para ser legítima y efectiva; para fortalecer la calidad académica y la pertenencia social a nuestra universidad”.