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Los desafíos frente al uso de la IA en los estudios universitarios

Foto: Freepik

La incorporación de la inteligencia artificial en el ámbito universitario abrió nuevos debates respecto a cómo repercuten en las prácticas educativas y la construcción del conocimiento. Para Gonzalo Andrés, docente e investigador de CONICET, el desafío no pasa por la prohibición sino en una reflexión crítica sobre cómo incorporar éstas tecnologías en la vida académica

El desarrollo de nuevas tecnologías representan un aspecto central de la existencia humana, incorporándose en la vida cotidiana e interviniendo en la organización social, la economía, la cultura y las subjetividades. En ese sentido, la irrupción de la inteligencia artificial abrió nuevos debates respecto a su uso en el ámbito universitario y cómo esto repercute en las prácticas educativas y la construcción del conocimiento. 

Gonzalo Andrés es Doctor en Comunicación, docente en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER e Investigador Adjunto de CONICET en el Instituto de Estudios Sociales (INES), y comentó a UNERMedios que las tecnologías “no son meros instrumentos neutrales, por el contrario, son entidades que ejercen agencia en tramas culturales, económicas y políticas. Su funcionamiento constituye la materialización de esquemas de pensamiento y se concreta en acciones, en protocolos y en sistemas destinados a prolongar o modificar un estado de cosas. Así como toda tecnología fue construida socialmente, toda sociedad es una construcción tecnológica”.

Habitar el actual contexto físico-virtual implica formar parte de una ecología cognitiva distribuida, con formas emergentes de socializar, de comunicar y de aprender. En ese sentido, el investigador remarcó: “El actual ecosistema infocomunicacional está compuesto por múltiples pantallas y por sobreinformación, lo cual funciona como un marco de referencia que regula la circulación de información y de conocimiento”, señaló. 

Hoy el saber emerge en muchos espacios y de manera más intuitiva e instantánea; las tecnologías de la comunicación no se filtran en el sistema educativo sino que ya forman parte del contexto sociotecnológico, dando lugar a nuevas preguntas sobre cómo dichas tecnologías alteran las estructuras y las prácticas educativas. “La historia muestra que cada innovación tecnológica –ya sea la computadora, internet, los teléfonos celulares o incluso Wikipedia– generaron resistencias y debates similares. Más allá de posturas condenatorias o celebratorias, resulta fundamental comprender la interacción entre los objetos tecnológicos y las diversas configuraciones socioculturales que desarrollan. En ese marco, la integración de la inteligencia artificial en la enseñanza puede ser una forma de dinamizar transformaciones en las instituciones académicas”, expresó Andrés.

Las universidades de Argentina –tradicionalmente estructuradas en una configuración tecnológica analógica y mediada por la presencialidad en el espacio áulico– se enfrentan a un escenario actual de creciente transformación digital y de cambios socioculturales dinamizados por las nuevas generaciones. Sobre esto, el docente e investigador remarcó: “El desafío radica en entender que la integración de las inteligencias artificiales en la educación superior no es sólo una cuestión de uso individual, sino una problemática institucional que requiere un replanteo profundo de los modelos educativos. Esta transformación digital tensiona las formas tradicionales de la enseñanza y de la evaluación y demanda una adaptación que respete las características de estas entidades artificiales y su interacción con las estructuras universitarias establecidas”.

Las tecnologías informáticas y digitales motorizan cambios en las prácticas y en las instituciones, impulsando innovaciones en los variados aspectos de la producción y la reproducción de la vida social. “La experiencia vital, las relaciones sociales y las producciones culturales están mediatizadas por distintos lenguajes y tecnicidades. La omnipresencia de los teléfonos celulares conectados en red potenció la expansión de la sociedad de la información y convirtió en móviles y ubicuos al trabajo, a la educación y al ocio. Es decir, que lo que caracteriza a las sociedades altamente informatizadas es que la dimensión comunicacional se ha expandido hacia todos los ámbitos y esferas de la vida social, productiva, educativa y cultural”, afirmó el investigador. 

Con respecto a los desafíos que plantea este incipiente escenario a los procesos de construcción de conocimiento y de enseñanza y aprendizaje, Andrés dijo que “es innegable que estos modelos de lenguaje generativo y bots conversacionales tienen potencialidades diversas en el ámbito universitario”. Estos pueden funcionar como asistentes cognitivos que faciliten la búsqueda y procesamiento de información, la edición de textos, la generación de contenido, optimizando tiempo y recursos tanto de docentes como de estudiantes. 

Sin embargo, esta integración de las IA también está acompañada de una serie de dificultades que merecen ser atendidas: “La primera es de índole instrumental, la necesidad de aprender a manejar correctamente estos modelos de lenguaje y estos programas, especialmente en lo referido a la formulación de los prompts o las indicaciones que se le introducen. Además, la sobreabundancia de información constituye un problema; el exceso de datos, muchas veces sesgados o descontextualizados, genera desinformación y errores que el docente debe estar preparado para contrarrestar”.

A su vez, otro de los desafíos tiene que ver con aspectos cognitivos y éticos, ya que “la delegación de las actividades intelectuales a la IA implica cuestionar la forma en que los estudiantes desarrollan sus habilidades y competencias, así como los límites de la originalidad y el plagio en un escenario signado por máquinas que producen contenidos. Esto exige una profunda revisión de las instancias, no solo de enseñanza, sino también de evaluación”.

Para Andrés, la respuesta a esta nueva realidad no puede estar en la prohibición sino en una reflexión crítica y en el aprendizaje activo sobre cómo incorporar las inteligencias artificiales en la vida académica: “Este tipo de tecnologías plantea la necesidad de promover una alfabetización digital que sea creativa y ética. Frente a las falencias de las respuestas automáticas, el ejercicio de exponer y problematizar las respuestas generadas por estos bots generativos, fomenta un pensamiento reflexivo y crítico. En definitiva, no se trata de limitar o prohibir su uso, sino de abordarlo desde una perspectiva que valore su potencialidad y que a la vez exija un compromiso ético y crítico por parte de todos los actores del sistema universitario”. 

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