El aporte de las unidades académicas de UNER representó un aspecto central para garantizar el Plan Institucional Participativo (PIP) y los objetivos estratégicos en la proyección de la universidad de cara al futuro.

Con la mirada puesta en los objetivos estratégicos para el 2025, la UNER llevó adelante un proceso de autoevaluación que fue enriquecido gracias al trabajo participativo. Un proceso que involucró equipos de gestión y unidades académicas, el cual sólo se centró en la recolección de datos, sino en la construcción de dispositivos de intercambio y diálogo que fortalecen la cultura institucional.

La docente Barbara Correa formó parte del equipo de facilitadoras en la Facultad de Ciencias de la Educación y destacó que en proceso de autoevaluación no consistió en sólo un ejercicio administrativo sino que requirió de una sólida organización e intercambios entre las partes involucradas. “En la Facultad conformamos un equipo integrado por las dos facilitadoras, dos administrativas, una docente y el vicedecano. Esto permitió un intercambio fluido de aportes y miradas específicas donde se recepcionaron las propuestas desde Rectorado”, comentó Correa a UNERMedios.

Dicho proceso llegó a un informe final que significó el resultado de una construcción consensuada. Asimismo, la docente de FCEDU destacó lo positivo de este trabajo, el cual también estuvo inmerso en un complejo contexto económico, político y social del país, como también “de las realidades, los modos de organizarse y las culturas institucionales de cada unidad académica. Todos esos aspectos también atraviesan los procesos de implementación de cualquier construcción”,

La autoevaluación de 2025 estuvo enmarcada en el camino que comenzó a trazarse en 2018 con el Plan Institucional Participativo (PIP), fundamental para “construir a nivel universidad una mirada conjunta” que tenga en cuenta e integre “las distintas miradas de las Facultades”. Este reconocimiento de la “particularidades y la heterogeneidad” de la UNER es visto no como un obstáculo, sino como una característica central para la proyección de la universidad en el futuro.

Finalmente, Correa resaltó que como principal desafío se encuentra el realizar una continuidad de este proceso hacia el interior de las unidades académicas y poder analizar “cómo se apropia cada facultad del PIP, qué prácticas instaló, qué movimientos generó en términos de lo participativo, cómo cada unidad se mira hacia dentro y qué es lo que falta aún por hacer”.