Virginia Bravo y Alicia Stolkiner, docentes de nuestra Universidad, junto al equipo de la Maestría en Salud Mental, reflexionaron sobre la temática. 

“El Covid es más que un agente biológico y no cabe dudas que constituyó no solo un evento sanitario extraordinario, sino que produjo transformaciones de orden social, económico, científico, cultural y político. Por eso es necesario entender que la expansión del virus y las consecuencias a nivel poblacional, no deben analizarse solamente limitándose al agente biológico. Si bien la pandemia ya no está en el centro de la escena, hoy nos encontramos con sus efectos en casi todos los ámbitos de la vida cotidiana, donde la salud mental forma parte”, aseveró en diálogo con UNER Medios Virginia Bravo, coordinadora académica de la Maestría en Salud Mental perteneciente a la Facultad de Trabajo Social.

Acerca de los emergentes que surgen cotidianamente en la actualidad, Bravo y el equipo de la Maestría mencionaron la “coexistencia entre presencialidad y virtualidad, ya sea en los vínculos laborales, sociales, familiares y amorosos; y a su vez la resistencia a la actividad personal como cautela en la proximidad interpersonal en determinados contextos. Se señala una persistencia de ciertos miedos a las enfermedades respiratorias y la consecuente construcción de prácticas de cuidado de sí y de los demás, como una profundización en lo que respecta a la fragmentación del tejido social que se acentuó por las medidas de aislamiento y distanciamiento social”.

La pandemia nos afectó a todos de manera diferente

“Previamente a este evento -señaló la docente-, ya existían condiciones sociales desiguales, por ejemplo, grandes sectores de la población urbana con problemas habitacionales, precarización del espacio laboral y desempleo, exclusión y marginación, violencia social, familiar, y contra la mujer, discriminación e inequidad en las condiciones de vida y de acceso a la salud. Esto ya constituía un escenario complejo en el que podían identificarse fuentes de sufrimiento individual y social”. En este marco, afirmó que “la protección de la salud mental a nivel poblacional se presenta como un gran desafío, teniendo en cuenta el impacto sobre las diferentes jurisdicciones provinciales y espacios sociales. En tal sentido, podemos señalar que la pandemia actualizó los problemas de salud mental por las transformaciones antes señaladas”. 

Consultada sobre las patologías frecuentes más destacadas en este contexto, la Mg. Ps. Virginia Bravo señaló “el aumento de ansiedad e insomnio, problemas alimentarios, de consumos problemáticos y angustia ante la incertidumbre. En los niños también se produjo la agudización de los miedos y conductas regresivas”. 

Ley de Salud Mental

“Concebimos a la Salud Mental como una construcción compleja, que alberga las alternativas del bienestar y el malestar de los sujetos, las instituciones, los grupos, las comunidades, sus carencias y potencialidades psicosociales y la indagación de los recursos materiales y simbólicos que permiten dar cuenta de ellas”, sostuvieron las docentes. 

La Ley Nacional de Salud Mental la define como un proceso determinado por componentes históricos, socio-económicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona (Ley Nac. N° 26.657 – Art 3). En el mismo sentido, el Plan Nacional de Salud Mental 2021-2025, se propone reafirmar y profundizar las respuestas intersectoriales integrando las políticas de salud, educación, vivienda y trabajo priorizando y posibilitando un abordaje de tipo territorial y comunitario.

Finalmente, el cuerpo de docentes, tutoras y tutores de la mencionada especialidad, resaltaron “la tarea que fue propuesta hace casi treinta años en lo que refiere a la formación de profesionales en diversas disciplinas y procedencias geográficas de este campo”. De esta forma manifestaron que “la universidad pública se constituye así, en un espacio que invita al análisis permanente de las problemáticas vinculadas a la salud/enfermedad/ cuidado y a la generación de nuevos posicionamientos que orienten e inspiren políticas sociales, planificación e investigación, con el convencimiento de que no hay salud sin Salud Mental y no hay Salud Mental sin inclusión social”. 

Alicia Stolkiner, docente de Salud Pública en UBA y UNER planteó la necesidad de  generar “una mayor integración, dado que la Salud Mental debe estar en el sistema de salud, no solo en los hospitales públicos, e integrar a las obras sociales y el sector privado”. Al respecto se refirió a nuestra sociedad, que atravesó la crisis de pandemia a nivel mundial, y enfatizó en que “no hay una vuelta atrás”. “No vamos a volver a la pre-pandemia, por lo que debemos tratar de ver cómo se va organizando la vida a partir de ahora”, explicó en diálogo con UNER Medios.

“Hay que pensar mucho en el trabajo territorial y comunitario -señaló Stolkiner-  y en las formas orgánicas que tiene la sociedad para generar respuestas colectivas como acciones que hacen a la salud mental; y por supuesto  tenemos que hacer cumplir la ley de Salud Mental para analizar la problemática”.  

Desde la mirada de Stolkiner, “la salud no es física o mental, no se puede estar sano orgánicamente pero padecer trastornos o enfermedades mentales. Estar saludables es un proceso permanente de la salud a la enfermedad, e incluye sin divisiones al cuerpo y la mente como un todo funcionalmente indivisible”. Esta perspectiva -sostuvo la docente- “demanda del abordaje interdisciplinario y de prácticas interprofesionales, en las que surgen otros problemas dado que todo grupo humano pone en juego la cuestión del poder, a través de discursos disciplinarios o de la competencia”.

Stolkiner afirmó que “la pandemia tuvo otro impacto sobre los grupos sociales con mayores vulnerabilidades, sin empleo formal, con bajos ingresos, que habitan en barrios carentes de servicios públicos de calidad. La pobreza, la indigencia y las desigualdades crecieron”. Este estado, manifestó, “lleva a que una gran parte de la sociedad intente volver a un orden previo a la pandemia, que ya no existe. Esto requiere de respuestas comunitarias, de un balance de lo vivido, de reparar y elaborar colectivamente los traumas que atravesamos, para identificar lo que como sociedad seremos, o no, capaces de hacer”.

Finalmente, expresó su convencimiento de que “en la Ley existe un desafío que conlleva a profundizar los mecanismos para su aplicación. Hay que tener presente que la potencialidad de las reformas del campo en la salud mental encuentran su límite en un sistema segmentado, cuya modificación estructural resulta fundamental para el ejercicio pleno de los derechos de las personas con padecimiento mental”.