De la investigación realizada por un equipo de la UNER se desprende que al menos uno de cada diez trabajadores asalariados paranaenses pertenece al comercio. ¿Cómo afectó el nuevo contexto a este sector?

Un equipo de docentes e investigadores de la Facultad de Trabajo Social realizó un relevamiento  acerca de la actividad del comercio minorista en la capital entrerriana cuando se declaró el ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio) en nuestro país. Fue en el marco del estudio El trabajo en el sector del comercio. Características, identidades y sentidos otorgados por los trabajadores a su actividad laboral en el conglomerado Gran Paraná, Entre Ríos, dirigido por la docente Graciela Mingo.

Desde la propuesta se analizaron los diferentes dispositivos utilizados por los pequeños comerciantes de la ciudad para seguir con la actividad, junto a los cambios que se dieron a partir de la pandemia por el COVID-19. En diálogo con UNER Medios, Mingo relató que su equipo recurrió “a diversas fuentes de información a través de los medios periodísticos, documentos elaborados por entidades del sector y la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC. También se llevó a cabo la observación directa de las áreas comerciales en diferentes momentos y, especialmente, se realizaron entrevistas a los trabajadores de comercio de la ciudad de Paraná”.

Sobre la caracterización de los locales comerciales visitados, la investigadora afirmó que “el 60% se dedican a la venta de productos para todo público, en segundo lugar, al grupo femenino, y en menor medida los destinados al público masculino. La venta para niños fue poco representativa”. Respecto a los días en que preponderaban las compras, aseveró que “se daban los días viernes y sábados (86,3% y 84,7%) y el resto de la semana era muy bajo. Esto coincide con las estrategias dadas por el plan Ahora 12 porque facilita el uso de la tarjeta de crédito, junto a descuentos en otras jornadas de acuerdo a las tarjetas que promueven determinados bancos fuera del plan oficial”.

Acerca de la situación laboral

“Otro aspecto en el que nos enfocamos fue el empleo y las relaciones laborales en el comercio, que en muchos casos eran contrataciones transitorias e intermitentes. El 13,8% de los locales contrató al menos un empleado en esta modalidad y un 9,2%, hasta dos empleados a tiempo parcial. Se acumula así un 23% de personas que trabajan de manera transitoria y se emplea preferentemente la fuerza laboral femenina. Esta situación fue y es vivida como algo habitual, ya sea por la procedencia social de los empleados del comercio, que son en su mayoría clase media”, afirmó Mingo. 

A modo de conclusión del estudio, la entrevistada afirmó que “al menos uno de cada diez trabajadores asalariados paranaenses se desempeña en el sector comercio, con un techo del quince por ciento de representación relativa. Con este panorama sobre la tasa de informalidad o no registración, supera en todos los trimestres al indicador de nivel general”. Esto demuestra -agregó Mingo- que “el comercio es una de las ramas donde la precariedad persiste, aunque no de modo tan elevado como actividades de trabajadores cuentapropistas no profesionales, el servicio doméstico en los hogares, la rama de la construcción o los changarines”.

Nuevo contexto, nuevas estrategias 

La irrupción de la pandemia transformó el panorama: algunos lograron adaptarse, otros, atravesaron situaciones más complejas. “Durante el aislamiento -explica la docente- se acentuaron las inestabilidades y un indicador fue la cantidad de comercios cerrados o locales vacíos, algunos con un tiempo largo de trayectoria (zapaterías, artículos de plásticos y vestimenta), que no pudieron seguir compitiendo con otros locales de un rubro similar”. La investigadora también describió que hubo otros que achicaron sus espacios, se mudaron desde  las calles principales de la zona céntrica a alguna paralela, o se trasladaron a los barrios al no poder hacer frente al pago de un alquiler en el radio céntrico, e incluso afectaron parte de sus propias viviendas, habilitando garajes o alguna habitación.

Hicimos  varios recorridos por la zona céntrica de la ciudad de Paraná durante los años 2018 al 2020, documentado en imágenes a través de las fotografías, y por relevamiento focalizado mediante encuestas desarrolladas en el 2019

(‘La crisis del comercio minorista en Paraná, una forma diferente de documentar. Imágenes y símbolos’) Graciela Mingo

Adaptarse y subsistir en el nuevo contexto, implicó para el rubro “organizar las ventas vía telefónica, capacitar al personal en el uso de plataformas para la venta por Internet, organizar internamente la entrega del producto y reacomodar horarios. Muchos negocios se afiliaron con compañías de delivery para enviar pedidos a sus clientes”. La entrevistada agregó que “el reinicio de la actividad a principios de agosto de 2020 no congeló la tendencia de cierre de locales comerciales, sino que sumó otras condicionantes en ese panorama desolador, tales como diferentes inversiones y gastos operativos que se exigieron en términos de protocolo para mantener el comercio abierto”. También mencionó que “si bien el Estado Nacional auxilió con aportes, la actividad tuvo un giro que demandó el equipamiento necesario para organizar la logística de ventas anteriormente señalada”.

Un sector golpeado

La docente e investigadora de la UNER hizo una contextualización macroeconómica. “Debemos señalar que en 2018 se dio el endeudamiento a tasas mucho más altas que el resto de los países de América Latina por el acuerdo firmado con el FMI. Se priorizaron las importaciones, disminuyó la producción local y se perdieron empleos genuinos. Desde la faz monetaria, se vivieron las corridas del dólar creciente del déficit externo y salidas de capitales al exterior. El Plan Fénix (2018), expresaba que las medidas adoptadas no apostaron a la inversión productiva sino a la inversión financiera, con efectos opuestos a la producción y el empleo, sumado a los altos niveles de pobreza y una distribución inequitativa de los ingresos”. En ese marco, Mingo también enfatizó en que “el país transcurrió en una economía endeble, que en vez de virar se profundizó con la irrupción del coronavirus en la población y en los sectores de la economía generando una situación social-económica compleja”.

“El escenario económico ha sido inseguro y cuando se pensaba una mejoría que podía esperarse a partir del cambio de gobierno en diciembre de 2019, esto se disipó  de manera anticipatoria ante la nueva crisis producto de la pandemia del Coronavirus. El comercio fue jaqueado por el aislamiento y consecuente cierre de locales y centros comerciales para atención al público, bajaron las ventas por la invitación a quedarse en casa y hubo pérdida de puestos de trabajo de muchos empleados informales”, señaló.

Entre sus reflexiones finales, la docente sostuvo que esta realidad “se  transmuta en un malestar colectivo de un sector económico golpeado, con una  sociedad que dispone de  pocas posibilidades en avanzar con el consumo y que  vive su propia desazón por una  problemática social anclada en un escenario de crisis donde el comercio minorista está profundamente afectado”, concluyó.